Cocina Rápida y Saludable

La anécdota es conocida : hace muchos años un africano visitaba Nueva York por primera vez, trasplantado casi quirúrgicamente de su cabaña a la feroz ciudad. Le preguntaron qué miraba tan asombrado y en lugar de responder que estaba admirando los edificios o el tráfico de vehículos simplemente contestó con una pregunta retórica : “¿a dónde van tan deprisa?”.

Inmersos en el stress del quehacer cotidiano no percibimos a qué velocidad van nuestras vidas y cómo las cosas más básicas van quedando relegadas o simplemente eliminadas. Y cocinar es una de ellas. La publicidad nos machaca constantemente ofreciendo alternativas a la cocina tradicional, presentandola como una carga pesada de la cual el avance tecnológico nos liberará. Cinco minutos de microondas y listo para consumir. Los restaurantes de comida rápida proliferan acoplándose subrepticiamente a esos tristes doce minutos que como media dedicamos a alimentarnos por comida. No son intrínsecamente malos mientras sepamos manejarlos y controlarlos. El problema de la comida rápida y la precocinada es que están cuidadosamente preparadas para gustar sin importar los criterios nutricionales básicos. Abusan de las grasas porque los alimentos grasos son más atractivos al paladar. No se cortan en el uso del azúcar porque el azúcar, sobretodo para los más jóvenes, parece ser les retrae inconscientemente al sabor dulzón del líquido amniótico.

Emplean espesantes, conservantes y todo aquello inimaginable, aún dentro de los márgenes legales, para fabricar un sabor atractivo. Engañan diciendo que es “light” pero para que un alimento sea calificado como light basta con reducir un 30% el ingrediente “perjudicial”. Eso significa quitar uno de los cuatro terrones de azúcar que incorpora un refresco de cola, por ejemplo. Detrás de un plato precocinado hay tanta ingeniería culinaria y de marketing como la que se emplea en fabricar y vender un avión comercial.

Es posible escapar de este ciclo y conseguir alimentarnos de forma sana. No se trata de ganar tiempo porque realmente es el bien más escaso de nuestras vidas, sino cambiar la forma en que cocinamos y plantearnos nuestra alimentación para que se adecue a ese ratito que nos dan para comer. Hay centenares de recetas que se pueden preparar con ingredientes naturales extremadamente saludables en media hora o incluso menos. Recetas que van más allá de la tortilla francesa o la recurrida ensalada. Hablo de recetas que podrían parecer complejas y que hábilmente desestructuradas se pueden realizar en treinta minutos.

¿Qué es lo importante en el hoummus, el garbanzo o el sésamo? Probablemente la búsqueda del sésamo nos daría algún dolor de cabeza, pero una pasta sólo con garbanzos, aceite de oliva, sal y limón es accesible para cualquiera. ¿Qué el arroz tarda mucho en hacerse? Rehoguémoslo antes con el sofrito y acortaremos mucho el tiempo de cocción. Reto a cualquiera a que me demuestre que es más rápido hacer un puré de patatas liofilizado antes que batir patatas cocidas, leche y sal. Y ejemplos a centenares de recetas que aún siendo totalmente estricto en los ingredientes y tiempos de preparación se pueden preparar en media hora o menos. Cocinar rápido no es sinónimo de hacerlo mal. Cocinar rápido depende mucho de nuestra capacidad de análisis, de saber qué es importante y qué es accesorio, y también de nuestra capacidad de previsión. Si hacemos un flan a mediodía con cuatro yemas por la noche podremos cocinar una tortilla blanca con las claras. Tener los ingredientes sobre el mármol de la cocina justo antes de ponernos a cocinar en lugar de repartidos por el frigorífico o las alacenas evita olvidos y salva muchos preciosos minutos.

Si cocinamos nosotros mismos tenemos un control total sobre los ingredientes, elegimos el sabor y sentimos la satisfacción diaria de haber creado algo único. Si además nos podemos sentar y comer despacio, saboreando la comida, estamos a un solo paso de la felicidad.

El Principito se encontró una vez con un comerciante de píldoras que quitaban la sed. Le preguntó para qué servía ese extraño invento y el hombre le contestó que se tomaban una vez por semana y ya no se sentían ganas de beber, que de esa manera se había calculado que se ahorraban cincuenta tres minutos cada semana.
—¿Y qué se hace con esos cincuenta y tres minutos?
—Lo que cada uno quiere… ”
“Si yo dispusiera de cincuenta y tres minutos —pensó el Principito— caminaría suavemente hacia una fuente..”

Recetas compartidas por vosotros