Tarta de Queso Ligera

Tras una media hora en la nevera, es un postre fresco y ligero con el que terminar una comida a estas alturas calurosas del año. Que os aproveche ¡ñam!

Ayer por la tarde hacía mucho calor ya en casa. Vivo en Cartagena y el sol nos pega ya de lo lindo, con lo que nada más llegar del trabajo y cambiarme a una ropa más fresquita, me senté en el sillón a hojear lánguidamente una revista de cocina. Cuando de pronto me topé con una tarta de queso ideal para entretenerme un ratito en la cocina. Además, haciendo unas pocas variaciones de la receta, podía conseguir un postre relativamente bajo en calorías y sobre todo muy refrescante.

Me levanté del sillón e informé:
– Cariño, voy a hacer una tarta de queso.
A lo que él respondió:
– Mmmm

Como ya viene siendo costumbre, me enfundé los guantes de vinilo para cocinar y cogí la cámara de fotos y me metí a la cocina.

Ingredientes

  • 1 tarrina de queso de burgos de 250 gramos
  • 25 gramos de harina75 gramos de azúcar por un lado
  • 2 cucharaditas de azúcar por otro lado
  • 2 huevos
  • zumo de medio limón
  • 4 cucharaditas de mermelada

Los trucos que yo me ingenié para conseguir reducir las calorías sin que estuviese menos dulce fueron:
1. usar queso de burgos desnatado
2. de los 75 gramos de azúcar, puse sólo 40 gr. y el resto lo compensé con sacarina líquida
3. usé mermelada light sin azúcar

Bueno, vamos a lo que vamos, que me lío…..

Para empezar, encendemos el horno a 220 grados y engrasamos un molde con mantequilla.

En un bol grande, desmenuzamos el queso (si hace falta le añadimos unas gotas de leche para que quede más cremoso). Añadimos la harina a través de un colador, el azúcar (más la sacarina opcional), el zumo de limón y mezclamos muy bien. Debe quedarnos una textura cremosa algo espesa.

En otro cacharro aparte montamos las claras a punto de nieve lo más fuerte que podamos. Para ayudar a que se pongan duras les añadimos al principio una pizquita de sal. Las incorporamos con cuidado a la mezcla del queso.

Vertemos en el molde y lo colocamos al baño maría en el horno unos 30 minutos.

Mientras tanto preparamos la cobertura de mermelada. Para ello batimos las dos yemas que tenemos por ahí sueltas con las dos cucharaditas de azúcar hasta que se haga una espumita ligera. Le vamos incorporando poco a poco la mermelada y batiendo bien para conseguir una crema con la que cubrir la tarta.

Pasado este tiempo desmoldamos. Para que no se nos rompa, primero conviene pasar la punta de un cuchillo alrededor para separar bien la tarta del molde. Dejamos enfriar.

Una vez fría, extendemos la crema de mermelada sobre la tarta y podemos adornarla como nos apetezca. En este caso yo tenía unos restos de fideos de colores y los espolvoreé por encima.

Tras una media hora en la nevera, es un postre fresco y ligero con el que terminar una comida a estas alturas calurosas del año.

Que os aproveche ¡ñam!

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