Roscón de reyes casero con aroma a mandarina

Hacer un roscón de Reyes en casa es fácil, barato y muy divertido. En las siguientes líneas os explico mi receta para conseguir un roscón tierno, esponjoso y con aromas a limón y mandarina.

Dentro de tres noches llegan los Reyes Magos y yo ya les estoy esperando. Como creo que este año he sido bastante buena, y algún regalo puede que me traigan, he pensado que lo mejor para hacer tiempo es ir preparando el Roscón que nos comeremos el día 6 para celebrarlo.

En estas fechas no andamos muy sobrados de tiempo así que, aprovechando que este mes Víctor propone recetas con Thermomix… aunque sé de buena tinta que a él no le hace mucha gracia el aparatejo y prefiere los guisos que han sido preparados con las manos en la masa, he pensado en utilizarla para agilizar la tarea: como excepción!

Necesitaremos 130g de harina de fuerza (que podéis encontrar por ejemplo en Carrefour u otros supermercados un poco grandes), 10g de levadura prensada fresca de panadería (también la tienen allí), 80g de leche y una cucharada de postre rasa de azúcar. Con estos ingredientes prepararemos la masa madre y para ello tendremos que ponerlos todos en el vaso de la Thermomix y programar 15 segundos a velocidad 4.

Una vez trabajada la masa de esta forma la sacaremos y la trabajaremos manualmente para formar con ella una bola que introduciremos en un bol y cubriremos con agua templada. Cuando la bola de masa madre flote y doble su tamaño, estará lista para añadir a la masa normal del roscón.

Para esta masa necesitaremos 2 huevos, 465g de harina de fuerza, 120g de azúcar glas, también conocido como azúcar glacé, flor o nevada (que hemos podido comprar o hacer nosotros mismos con la Thermomix), 75g de mantequilla, 65g de leche, 20g de levadura prensada fresca de panadería, una pizca de sal, ralladura de un limón y de dos mandarinas (con cuidado de que no caiga nada de la parte blanca ya que amargaría un poco). Si se quiere conseguir un sabor frutal más intenso, puede añadirse también un poco de zumo de mandarina, pero nunca más de lo que cabría en la cuarta parte de vaso de agua.

Pondremos todos estos ingredientes en el vaso del aparato junto con la bola de masa madre (cuando haya doblado su tamaño y comenzado a flotar en el recipiente donde se encontraba) y programaremos 30 segundos a velocidad 6.

Amasaremos programando 3 minutos con vaso cerrado y a velocidad espiga. Sin desmontar el vaso de la máquina y sin quitar el cubilete, cubriremos la Thermomix con un paño de cocina. Dejaremos reposar la mezcla durante aproximadamente una hora, hasta que la masa crezca y comience a llegar a la parte superior.

Transcurrido este tiempo, empujaremos la masa con la espátula hacia abajo, compactándola y la volveremos a amasar dentro del vaso programando 1 minuto con vaso cerrado y a velocidad espiga esta vez.

A partir de ahora trabajaremos a mano y sin máquina. Necesitaremos enharinar una superficie lisa y amplia sobre la que depositaremos la masa que hemos preparado. Amasaremos a mano hasta lograr una forma de pelota lo más lisa posible.

Practicaremos un agujero en el centro con los dedos y seguiremos trabajando la masa dándole forma de corona. Cuando ya tenga el tamaño y forma deseados, adornaremos con las frutas escarchadas y los trocitos de cáscara de limón (también se puede utilizar naranja) y pintaremos con huevo. Dejaremos reposar para que aumente de tamaño.

Comenzaremos a precalentar el horno a 200ºC.

Una vez que ha crecido la masa, ya sólo queda que se cueza en el horno. Los primeros cinco minutos a 200ºC y los siguientes 15 ó 20 (dependiendo de la potencia y características de nuestro horno) a 180ºC. Cinco minutos antes del momento de sacarlo, añadiremos azúcar mezclado previamente con agua por encima de la zona donde hemos puesto las frutas escarchadas. Esta mezcla de agua y azúcar debe ser más bien espesa para que quede bien.

Mucho antes de este momento ya habréis empezado a notar el aroma por toda la cocina, pero cuando esté listo y lo tengáis frente a vosotros fuera del horno veréis lo difícil que es resistirse a probarlo cuando todavía está templadito.

Para golosos empedernidos  esperar a que se enfríe puede ser una opción interesante, porque así se puede abrir por la mitad y rellenarse de nata montada o trufa… Esto sí que es un regalo!